Los equivalentes a efectivo, o inversiones en efectivo, son inversiones de corto plazo sobre las cuales se ganan intereses. El interés se calcula como un porcentaje del capital, como en el caso de los bonos y puede ser compuesto o simple, dependiendo del tipo de inversión que se realice.

Los cuatro tipos más importantes de inversiones en efectivo son:
Una característica clave de las inversiones en efectivo es su liquidez, lo cual significa que pueden convertirse en efectivo rápida y fácilmente con poco o nada de pérdida de valor. Por ejemplo, si coloca $1,500 en una cuenta del mercado monetario, puede fácil y rápidamente retirar el mismo monto si lo necesitara. En cambio, si invierte $1,500 en un fondo de inversión colectiva de acciones, podría vender las acciones por un valor mayor, pero también podría venderlas por menos si necesitara el dinero en un momento en que las acciones del fondo perdieron valor.
Además, debido a que las inversiones en efectivo no tienen fluctuaciones de precio, puede sentirse tranquilo al utilizarlas como fondo de emergencia para cubrir gastos inesperados.
Sin embargo, en general, las tasas de interés que se obtienen de estas inversiones son varios puntos porcentuales menores de lo que ganaría con otras clases de inversiones. Si bien muchas personas deberían tener algunas inversiones en efectivo dentro de su cartera, el dinero que se tiene en estas inversiones probablemente perderá poder adquisitivo en el largo plazo como resultado de la inflación.
Por ejemplo, si su CD a cinco años paga el 3% de interés mientras que la inflación es en promedio del 2%, el rendimiento real es solamente el 1% antes de deducir los impuestos sobre los ingresos.
Una forma de abordar las inversiones es utilizar las inversiones en efectivo como utilizaría las cuentas de ahorro, es decir, para tener dinero que espera utilizar en el futuro cercano, e invertir en activos que tienen un mayor potencial de aumento de valor para lograr objetivos de largo plazo.