Existen varias maneras de dividir los gastos cotidianos. Su decisión debe basarse en su realidad financiera, es decir, en cuánto dinero tiene para vivir.
Si usted y su cónyuge tienen ingresos y están de acuerdo en compartir todo, podrían considerar combinar su dinero en una cuenta conjunta y hacer juntos un presupuesto para cubrir los costos que tienen en común, lo que van a ahorrar o invertir y lo que cada uno puede usar en gastos personales.
Otra posibilidad es que cada uno tenga su propia cuenta corriente y se dividan los gastos. Por ejemplo, usted podría pagar la renta y su cónyuge los servicios y los comestibles.
También, cada uno podría tener una cuenta individual para pagar sus gastos personales, y ambos podrían contribuir a una cuenta conjunta para pagar los gastos que tengan en común.
Grandes diferencias en los ingresos cambian un poco la situación. Suponga que usted gana 50% más que su cónyuge. En este caso, usted contribuiría un 50% más a los gastos del hogar. Y si uno de los dos no trabaja, tendrán que buscar la forma en que el cónyuge que no gana dinero participe en las decisiones financieras y tenga dinero para gastar.
Si la situación se complica y no pueden encontrar una solución, podrían consultar a un planificador financiero profesional, quien podría ayudarles a encontrar una manera de administrar el dinero que se ajuste a su vida en común.