Es más fácil entender cómo funciona la capitalización de intereses, y las inversiones en general, si considera algunas cifras.
Suponga que comienza con $2,000 en efectivo. Aunque hay un televisor de plasma que realmente le gustaría tener, toma una decisión responsable e invierte ese dinero. Entonces, algo milagroso sucede: su inversión original, conocida como capital, empieza a aumentar. Supongamos que su valor aumenta un 8% en un año, lo que se conoce como rendimiento de la inversión, y ahora tiene $2,160, o $2,166 si la capitalización de intereses es mensual.
Imagine que el año siguiente su inversión aumenta en el mismo porcentaje, pero esta vez, debido a que comenzó con más, lo que tiene a fin de año no es $2,332 (el doble de los $166 que ganó el primer año), sino $2,346. ¿Qué sucedió? El interés se capitalizó. A esta tasa, suponiendo que no retira nada de su dinero, su inversión original de $2,000 se habrá convertido en $9,854 en 20 años, sin ningún esfuerzo de su parte.
Si cree que eso es bueno, suponga que agrega $2,000 a su inversión cada año (un poco más de $38 a la semana o $167 al mes), reservados para tal propósito después de pagar sus gastos cotidianos. Si lo hiciera, y las demás condiciones permanecieran constantes, su inversión original se habrá convertido en $108,846 después de 20 años, mientras que el televisor de plasma sería cosa del pasado. Allí está la belleza de la capitalización de intereses.
Por supuesto, los rendimientos de las inversiones no están garantizados, de modo que sería posible que obtuviera un rendimiento menor a un promedio del 8% o que perdiera dinero si sus inversiones no redituaran de la forma en que usted esperaba. Sin embargo, la ventaja de invertir cuando se es joven es que se dispone de mucho tiempo para acumular el dinero que necesita.